Alguna vez, por petición de mi padre, me había acercado a la sede del Colegio de Arquitectos que hay enfrente de la catedral en Barcelona. Famosos los frisos de Picasso.
Corrian los años 70 y la forma de trabajar era la de esa época en lo que a burocrácia se refiere, esto es..vuelva usted mañana. Desde el primer dia entendí a mi padre cuando despotricaba de la ineptitud en algunas gestiones que allí debia realizar (supongo que hoy dia el Colegio es paradigma de eficiencia y buen hacer
), y lo entendí claro está, porque me tocó hacer colas, cambiar de colas, saltarme colas y volver a casa sin el encargo acabado.
A la tercera o cuarta vez la cosa cambió algo -en mí, no en la institución-, espabilé.

